Formando defensores y defensoras de derechos humanos.

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otras organizaciones han apostado por el modelo de las escuelas populares en derechos humanos, por ejemplo, el Comité Cerezo México, Serapaz y Así Legal

Por: Aarón Hernández

Durante Octubre dan termino dos espacios de formación en materia de Derechos Humanos, el primero, con 10 años de trayectoria es La Escuela para Promotoras y Promotores Juveniles en Derechos Humanos (EPJDH), impulsada por el Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria O.P.” A.C. (Centro Vitoria); el segundo siendo realizado por primera vez es la Escuela para Promotoras y Defensoras Jóvenes Indígenas (EPDJI), impulsada también por el Centro Vitoria en colaboración con la Red de Mujeres Jóvenes Indígenas (RMJI).

La EPJDH se caracteriza por articular varios aspectos metodológicos los cuales son, por un lado, la Educación Popular (EP), la Educación en Derechos Humanos (EDH) y la Educación para la Paz (EPZ); y por el otro, los enfoques de Derechos de las Juventudes, Género y No-discriminación. Estos seis aspectos metodolológicos articulan un proceso de formación que rescata tanto aspectos vivenciales como teóricos en materia de derechos humanos, haciendo que los contenidos de cada una de las sesiones (durante 8 meses) se vinculen con elementos de la vida cotidiana de las y los jóvenes.

En el caso de la (EPDJI), La metodología tiene aspectos similares a la EPJDH, pero más allá de los elementos de la Educación para la Paz, la mirada se enfoca en ¿cómo viven los derechos humanos las mujeres jóvenes indígenas? ¿A qué retos se enfrentan? Y ¿qué estrategias podrían implementar? Para contestar a estas interrogantes fue necesario partir de las vivencias de cada una de las participantes, aterrizando las problemáticas con herramientas de análisis como el mapeo de actores y el autocuidado para quienes defienden derechos humanos, desde la promotoría o el ser líder comunitaria.

Ambos procesos de formación están dirigidos a juventudes, reconociendo que tanto hombres como mujeres jóvenes, indígenas y no indígenas son sujetos y sujetas de derechos, actores sociales que protagonizan momentos de transformación política, social y cultural. Son una apuesta que desde las asociaciones civiles se hace, redescubriendo el valor que tiene “generar procesos desde abajo”, partiendo de que quienes tienen el poder para forjar un entorno distinto son quienes históricamente han sido discriminados y marginados.

Por otra parte, ambas escuelas no son las únicas iniciativas de este tipo, ya otras organizaciones han apostado por el modelo de las escuelas populares en derechos humanos, por ejemplo, el Comité Cerezo México, Serapaz y Así Legal, dirigidas a los grupos de población que cada uno de ellas ha identificado como objetivo desde el objeto social que las caracteriza.

Los espacios de educación no formal, juegan un papel importante frente a las necesidades de formación en materia de organización comunitaria, análisis de realidad y sobre todo de herramientas para la exigibilidad y justiciabilidad de los derechos humanos. Con lo anterior no se desea excluir ni minimizar el valor que tiene la educación formal, pero ante las carencias metodológicas y de sentido que esta a demostrado a lo largo de la historia, es necesario darle un merecido reconocimiento a las y los llamados educadores populares quienes impulsan esos procesos de empoderamiento en las personas; en este caso, las y los jóvenes han sido personajes fundamentales desde esta labor, realizando trabajo en campo, en donde incluso la educación formal no llega o bien, se queda corta.

Felicidades a quienes han hecho posible tanto la Escuela de Promotoras y Promotores Juveniles en Derechos Humanos y la Escuela de Promotoras Jóvenes Indígenas.

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