INJUSTICIA PENAL EN MÉXICO; El pecado de los Cerezo Toni Cano-El Periódico de Catalunya

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%
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1. • Dos hijos de un líder guerrillero mexicano cumplen condena desde el 2001 acusados sin pruebas de unos sabotajes
2. • Todos los cargos se desmontaron en el juicio

MÉXICO

Los hermanos Cerezo dicen ser "rehenes del Gobierno y de la justicia". Tres de los hijos del líder del Ejército Popular Revolucionario (EPR) mexicano, Francisco Cerezo, fueron detenidos en agosto del 2001, acusados de poner petardos frente a bancos, condenados y encarcelados en prisiones de alta seguridad. Uno fue exonerado, pero los otros dos siguen en prisión. El caso vuelve a estar en el candelero por las nuevas acciones armadas de la guerrilla del EPR, que con sus sabotajes de gasoductos mediante explosivos se ha convertido en la gran preocupación securitaria del Gobierno mexicano. Esta guerrilla exige que reaparezca otro de sus dirigentes, un tío de los hermanos Cerezo, presuntamente desaparecido tras ser detenido.

Los petardos estallaron de noche a las puertas de varias sucursales del Banamex. Era el primer caso para un fiscal general que acabaría su carrera en el caso del desafuero del alcalde de México. Los culpables fueron detenidos a los pocos días: tres estudiantes universitarios, por ende hermanos, y un indígena. El menor fue liberado en el 2005 en medio de la presión popular, pero los otros siguieron en penales de alta seguridad, donde se les llegó a acusar de ser cómplices de los jefes del narcotráfico.

Muchas arbitrariedades

El delito de Antonio, Héctor y Alejandro, víctimas de un caso aberrante perlado de arbitrariedades, es llamarse Cerezo. Sus padres, el profesor Francisco Cerezo y su mujer, Emilia Contreras, antiguos luchadores sociales, viven en la clandestinidad desde que el Gobierno los señaló como dirigentes del EPR, la guerrilla de la Sierra Madre. Los localizables hijos, estudiantes de entre 18 y 23 años, fueron las víctimas propiciatorias. Las acusaciones de "ataques, terrorismo y posesión de explosivos y armas" se irían cayendo, mas no la de "delincuencia organizada".

La vida que seguían los jóvenes, entre la universidad, el monte y el deporte, no se truncó del todo con las torturas, los cargos y la cárcel. Estudian sociología, economía, filosofía; escriben, dibujan, pintan y hacen deporte en el patio. Hasta que los trasladan a alejados penales bajo la acusación oficial de "organizar" con los capos del narcotráfico una revuelta carcelaria que acabó con la intervención del Ejército. Como dice el analista Miguel Granados, es "contrario a toda lógica que dos universitarios veinteañeros manipularan a los curtidos jefes de los cárteles de la droga".

Desde el penal de Puente Grande, Héctor Cerezo escribió: "Si el Gobierno cree que separándonos físicamente vamos a dejar de pensar críticamente, de denunciar las violaciones de los derechos humanos y de continuar luchando por un México más justo, libre y democrático, se va a llevar un gran fiasco". "Nuestra responsabilidad es resistir el presidio con dignidad", señaló.

Presos de conciencia

Desde el penal de Matamoros, Antonio escribió: "Todo lo que hemos hecho por difundir el caso es para demostrar que no somos delincuentes, sino presos de conciencia". Su deporte era andar sin parar los 3,5 metros de la pequeña celda con cámara. No sabía nada del exterior, solo podía escribir: "Somos algo así como un trofeo para las autoridades, rehenes con los que pueden desquitar su coraje y su frustración".

Ambos están ahora en la cárcel número 1, la del Altiplano, "hostigados y amenazados sistemáticamente", dicen. Desde la clandestinidad, su madre escribe a sus hijos y denuncia: "Como Toño y Héctor, hay en México 500 luchadores sociales encarcelados".

Francisco y Emiliana, los dos hermanos que se libraron de la detención, han organizado un movimiento de apoyo que ha ido creciendo en la calle y en la red. Los comités Cerezo se han extendido por el país, el liberado Alejandro es el protagonista de los encuentros, y millares de mexicanos han visto el documental Seguir siendo, en el que el cineasta barcelonés Emiliano Altuna refleja la injusticia.

A nivel judicial, la sentencia quedó en siete años. La resolución del amparo directo, que pidieron en el 2004 y solo permitió la liberación de Alejandro —y el año pasado la del indígena Pablo Alvarado—, era la última instancia judicial para lograr su libertad. Como otros analistas, Miguel Granados opina que, a estas alturas, los hermanos Cerezo "solo pueden conseguir la libertad en instancias internacionales". Y añade: "La merecen".

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