Carta de la madre de los Cerezo La Jornada, 13 de agosto de 2005

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Nada justifica que sigan presos: mamá de los Cerezo

Al cumplirse cuatro años de la detención de los tres hermanos Cerezo Contreras, acusados de hacer estallar petardos frente a una sucursal bancaria, su madre, Emilia Contreras Rodríguez, sostuvo que «es indudable que no hay ningún hecho comprobable» que justifique que dos de ellos, Héctor y Antonio, sigan presos en centros de máxima seguridad, lo mismo que Pablo Alvarado, coacusado en este caso.

La señora Contreras, a quien el gobierno señala como una de las comandantes del Ejército Popular Revolucionario, junto con su marido, Francisco Cerezo Quiroz, se mantiene en la clandestinidad desde antes de que la Policía Judicial arrestara a sus hijos.

En enero de este año, Antonio Cerezo, actualmente de 28 años, fue trasladado del penal de La Palma, estado de México, al centro de máxima seguridad de Matamoros, donde por más de 100 días se le mantuvo en una zona de castigo. Su hermano Héctor, de 26 años, fue llevado a Puente Grande, Jalisco.

Originalmente, ambos fueron acusados de terrorismo, y se les sentenció a siete años de prisión con cargos de delincuencia organizada y almacenamiento de armas. Alvarado purga una condena de cinco años. Alejandro, el menor de los Cerezo Contreras, fue detenido cuando tenía 19 años y enjuiciado en la misma causa. Quedó en libertad el 2 de marzo de este año.

La carta de Emilia Contreras, fechada el 11 de agosto, está dirigida a «mis amores», y se refiere a sus cinco hijos. A los dos que permanecen en prisión les pide que cuando reciban la misiva «hagan de cuenta que les estoy dando una ampolleta de aderogyl con jugo de naranja (guácatelas) para tratar de prevenirles un catarro, en este caso mental, que es como llamo a la depresión».

Al dirigirse a Antonio, el que se encuentra en Matamoros, recuerda los 100 días que pasó en aislamiento. «Qué cruel y descarado intento de minar tu integridad, amparados en la impunidad que los protege. Y digo intento porque sé que no lo lograrán, ya que, estoy segura, asimilarás la agresión y la tomarás como otra experiencia que enriquecerá tu vida». Le pide: «No te me achicopales».

A Héctor, el de Puente Grande, lo llama «domador de caballos», y en referencia a una carta anterior, enviada por su hijo, comenta: «Me doy cuenta de que estás aprendiendo a domar la prisión». Y lo alienta a denunciar las violaciones a derechos humanos, «porque así como se contagia el miedo se contagia también la valentía».

Al menor, Alejandro, le recomienda cuidar de su salud física y mental para recuperarse de las secuelas que le dejó la cárcel, y le pide: «Lleva tu calidad de ex rehén y ex preso de conciencia del gobierno foxista con dignidad».

Finalmente, a los dos hijos que no fueron capturados: Emilia y Francisco, les agradece los cuatro años de trabajo para intentar liberar a sus hermanos. «No ha sido en vano, porque Ale ya está con ustedes, pero nos faltan Héctor, Antonio y el señor Pablo, y más de 500 presos políticos. No desmayen ni desesperen», les pide.

De la redacción

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