Temo por mi vida, confiesa la hermana de los Cerezo Contreras

¤ Tal vez mis padres estén muertos, por eso no aparecen, dice

Temo por mi vida, confiesa la hermana de los Cerezo Contreras

¤ Pueden hacer cualquier cosa, hasta involucrarme con las FARP

KARINA AVILES

Emiliana Cerezo Contreras, morena, de cabello largo y lacio, y muy delgada, sostiene un cigarro en las manos. que no dejan de temblar. Comienza a tejer la historia de su familia hasta que todo cambió, a partir de que sus hermanos Héctor, Alejandro y Antonio fueron detenidos como presuntos involucrados en la colocación de explosivos en tres sucursales de Banamex. Ahora ella sabe que no podrá ser la de antes; se siente perseguida, vigilada, tiene miedo: "mi vida privada se terminó".

Hasta hoy, todavía no le "cae el veinte". La última vez que vio a sus padres, Francisco y Emilia, fue hace 10 años. Ella tenía 19 y, desde entonces, dice que no sabe mayores datos de ellos, y tampoco hizo nada para enterarse. Cuenta que en realidad ella fue la que no quiso tener contacto con sus papás, porque quería independizarse, bajo la "equivocada" concepción de que la independencia económica también tenía que ser afectiva.

"Con lo que se publicó de los comunicados del EPR, de que si mis hermanos son hijos de militantes, yo no lo creo. ¡No! Pero también estoy sacadísima de onda porque, bueno, si no son, ¿por qué no se aparecen? Como que ahora sí parece una historia kafkiana.

"Qué puedo hacer si no sé dónde localizarlos, si ellos no se han contactado conmigo... Estoy consternada; no sé ni qué pensar; no sé dónde están; no sé por qué no están aquí. No los juzgo, yo creo que sus razones tendrán, igual ya se murieron, igual, no sé, no sé... no sé de veras."

Emiliana es la hija primogénita de Francisco y Emilia. Después de ella siguieron sus hermanos Francisco, de 27 años; Antonio, de 25; Héctor, de 22, y Alejandro, de 19. Cuenta que su padre fue profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y su mamá se dedicaba al hogar. Aficionado a la lectura y a la escritura, su papá sembró en la familia el amor por los libros. "Era chistoso, porque él nunca nos dijo lean, sino que nosotros lo veíamos leer, y de repente aparecían libros en la mesa de la cocina o del comedor, y por curiosear los agarrábamos." Se trataba de leyendas mexicanas, europeas, textos sobre animales y de autores como Julio Verne, Emilio Salgari, etcétera.

Como las actividades cotidianas de cualquier familia, la escuela, los deportes y la música formaban parte de su quehacer. Los hermanos mayores, Emiliana, Francisco y Antonio, acudieron a la escuela primaria Gregorio Torres Quintero. Y de los más pequeños, no recuerda a qué plantel asistieron. Pero dice que todos salieron con excelentes calificaciones, incluso, Antonio obtuvo "10 de promedio".

Ya estando en la secundaria número 29, Héctor, Antonio y Alejandro se metieron al deporte de la lucha olímpica, el cual era de su interés desde más chicos. Incluso, narra Emiliana, junto con su hermano Francisco participaron en el equipo de lucha olímpica de la Universidad Nacional Autónoma de México. También acudieron a torneos nacionales y sacaron medallas.

Desde que eran niños, la UNAM "era lo máximo para nosotros, y decíamos: cuando seamos grandes vamos a andar estudiando con nuestros libros bajo el brazo", tal como miraban a los alumnos cuando sus padres los llevaban a visitar las instalaciones universitarias. Todos ingresaron al bachillerato y más tarde a la licenciatura de la máxima casa de estudios. A excepción de Francisco, que estudió en la Preparatoria 1, los demás hermanos estuvieron en el CCH Sur.

"Realmente nunca nos interesó mucho ser alumnos de 10, y no éramos matados. Pero a los cinco nos encantan la lectura y el deporte; nos gusta escribir poesía y cuentos, sobre todo a Alejandro. Héctor componía canciones y a Francisco le gustaba más dibujar. Héctor y Ale saben tocar la guitarra clásica; estudiaron en la Casa de Cultura."

Emiliana prende un cigarro tras otro, sus ojos constamente se humedecen cuando habla de sus padres. A los 19 años ella se separó de su familia. "Mis tres hermanos (Héctor, Antonio y Alejandro) y mis papás se fueron a otro lugar, porque querían vender la casa (en la que vivíamos) para hacer o rentar otra.

"Yo estaba en la adolescencia, y lo que quería era zafarme de mis papás, ser independiente y todas esas cosas. Entonces le dije a mi papá que quería quedarme, y me respondió: bueno, mientras vendes esta casa quédate aquí." Como tampoco quería quedarse sola por completo, "me jalé a mi hermano Francisco". En la casa "nada más dejaron el teléfono y una alfombra vieja". Aún sigue viviendo en aquel domicilio, ubicado en la delegación Tlalpan, y años después también se fue Francisco, porque "se independizó de mí".

De esa manera "perdí contacto con ellos. Fui yo quien no quiso tener comunicación con mi papá y mi mamá, porque según yo les iba a demostrar todos mis logros y llenar la casa de muebles, y sí, la llené de puras chucherías".

Emiliana aparenta saber muy poco de los últimos 10 años. "Yo seguía firme de que no quería saber nada de ellos, yo era independiente. Marcaba mi raya, de hecho, no hablaba mucho con ellos."

"Hace como 10 años los vi por última vez"

Así, la última vez que vio a sus padres fue hace como "nueve o 10 años. Creo que una vez me visitaron en mi casa o me vi con ellos". A sus hermanos no los frecuentaba. Dice desconocer si éstos vivían con sus padres. Cuando en alguna ocasión nos encontrábamos "yo nada más les preguntaba: ’¿cómo están mis papás?’, y ellos decían: ’Creo que bien’. No hablábamos de ellos".

Emiliana hizo la carrera de Medicina en la universidad y una especialidad en siquiatría. Hasta hace poco su hermano Alejandro cursaba el segundo semestre en la Facultad de Economía y su hermano Héctor es alumno de la Facultad de Filosofía y Letras. Antonio pensaba inscribirse en este semestre también a Filosofía y Letras. El otro de sus hermanos, Francisco, actualmente hace el servicio social en una dependencia de la institución.

Expresa que la noticia de la aprehensión de sus hermanos Héctor, Alejandro y Antonio la tiene consternada. Y manifiesta que si el EPR emitió un comunicado "en donde ya deslindó de todo a mi familia, entonces todo lo que están haciendo es fabricado".

Hoy en día se siente vigilada, cree que podrían estar intervenidos sus teléfonos, el de su casa, el de su trabajo; que podrían investigar a mis amigos. "Es obvio, si vemos que la tortura es refinada, también el espionaje.

"Me siento perseguida porque le dieron en la madre a mi existencia. Ya no volveré a ser la de antes, ya no puedo llevar mi vida normal. Siento que mi privacidad se terminó. Si cojo o no cojo, si como o no como, si meo o no meo.

"Y siento más miedo aún, porque si a los periódicos se les olvida, siento que a mí me pasará cualquier cosa, hasta temo por mi vida. Se las pueden gastar de cualquier manera, y hasta me pueden involucrar."

No obstante, enfatiza que teme más por sus cuatro hermanos, y "si algo nos pasa hago responsable al Estado mexicano. De cualquier forma, el temor me fortalece".

Ver en línea : http://www.jornada.unam.mx/2001/ago01/010822/006n1pol.html

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