¿SÓLO SOMOS REHENES DEL ESTADO MEXICANO?

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%
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A pesar de todas las vicisitudes que hemos pasado desde el 13 de agosto de 2001, creíamos ingenuamente que restaba esperar al año y siete meses que faltan para que nuestros hermanos Antonio y Héctor cumplieran una injusta condena y para poder juntos y en libertad rehacer nuestras vidas, retomar nuestros estudios universitarios, los planes y objetivos que hemos trazado para nuestro futuro, ahora realmente improbable; en resumen vivir sin sentirnos acosados, vigilados y amenazados por el Estado mexicano.

No porque renunciáramos a ser defensores de los derechos humanos ni porque este año siete meses ya no hiciéramos nada por seguir denunciando las condiciones penitenciarias tan denigrantes que existen en el penal de exterminio “Altiplano”, donde están recluidos nuestros hermanos; tampoco porque dejáramos de documentar la información referente a la situación de los presos políticos y de conciencia en nuestro país o de solidarizarnos con los demás casos de injusticia en México; sino porque acababa un episodio muy importante en nuestras vidas, una lucha que hemos cargado desde hace ya casi seis años y que sigue dejando una profunda huella en nuestros corazones.

En un inicio como todos los familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, nos preguntábamos, ¿porqué nosotros?, ¿qué hicimos para que “todo el peso de lo legal e ilegal del Estado mexicano” cayera sobre nosotros?, la respuesta obviamente es nada; pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que el objetivo del manejo discursivo que el Estado mexicano realizaba en torno al caso Cerezo, era utilizarnos como rehenes, como una simple carnada en su guerra contra los grupos insurgentes.

Primero intentó justificar la tortura y cárcel de nuestros hermanos haciendo creer a la sociedad que eran “terroristas” y que merecían eso y más, y nos dimos cuenta que mucha gente pensaba igual, nuestro trabajo más difícil fue, con recursos limitados, difundir y hacerle ver a la gente una verdad, que ser estudiante universitario no es sinónimo de terrorista y poco a poco la solidaridad de todos ustedes nos permitió allegarnos los recursos humanos, financieros y materiales que nos ha permitido mantener esta pequeña, pero muy significativa, para nosotros, lucha por libertad, justicia y contra la impunidad.

Pero cada que dábamos un paso hacia estas metas, otros sucesos con los cuales nunca tuvimos relación nos obligaban a defendernos de los ataques, hostigamientos y amenazas que el Estado lanzaba en nuestra contra; petardos en Morelos (2002), marchas o eventos masivos de organizaciones sociales (2003), el linchamiento en Tláhuac de agentes encubiertos (2004), la entrada de la PFP a los penales de exterminio (2005), entre otros hechos significativos social y políticamente que eran siempre pretexto para criminalizar nuestro trabajo.

Hoy nuevamente nos vemos envueltos en hechos ajenos a nosotros, pero que están siendo utilizados por el Estado mexicano para hostigarnos y amenazarnos de muerte, el delito: PORTACIÓN DE GENES SIMILARES.

En el inicio de nuestro periplo no imaginábamos siquiera que la razón fundamental por la cual eran detenidos nuestros hermanos, era que somos hijos de supuestos militantes de grupos insurgentes, como siempre el Estado a través de sus plumas oficiosas, deslizaba a la opinión pública, nunca dando la cara ni de manera oficial, sino siempre desde los entretelones obscuros del poder esta información para que mucha gente justificara sus acciones.

Hoy es claro, aunque terrible enterarnos a través de la última amenaza de muerte, que siempre hemos sido utilizados por el Estado en su guerra contra los grupos insurgentes, que somos sólo una carnada, una pieza más en su tablero, y que los casos que hemos acompañado, las acciones que hemos emprendido en defensa de nuestro hermanos presos son el pretexto para hostigarnos y amenazarnos con la perversa finalidad de chantajear a nuestros padres, de hacerles sentir dolor psíquico, de intentar obligarlos a hacer o dejar de hacer algo en lo que nosotros jamás hemos tenido injerencia.

Esta amenaza nos permite reafirmar nuestra idea de que somos sólo rehenes del Estado mexicano y esto es un delito como lo especifica en su primer artículo la reciente Convención Internacional Contra la Toma de Rehenes:

“1. Toda persona que se apodere de otra (que en adelante se denominará "el rehén") o la detenga, y amenace con matarla, herirla o mantenerla detenida a fin de obligar a un tercero, a saber, un Estado, una organización internacional intergubernamental, una persona natural o jurídica o un grupo de personas, a una acción u omisión como condición explícita o implícita para la liberación del rehén, comete el delito de toma de rehenes en el sentido de la presente Convención.
2. Toda persona que:
a) intente cometer un acto de toma de rehenes, o
b) participe como cómplice de otra persona que cometa o intente cometer un acto de toma de rehenes comete igualmente un delito en el sentido de la presente Convención.”

Quisiéramos que todos ustedes nos ayudaran a responder la siguiente pregunta: ¿qué debemos hacer? Renunciar a nuestro trabajo cotidiano por la defensa de los derechos humanos y voltear la mirada ante las violaciones a los derechos humanos; ya no dar acompañamiento a los familiares u organizaciones que nos lo solicitan sabiendo que también sus derechos humanos están siendo violados y abandonarlos a su suerte aunque sepamos que esta no será mucha; dejar de ser solidarios, (único alimento que nos mantiene trabajando) con casos difíciles, para que el Estado no nos vea como cómplices del terrorismo o de la delincuencia organizada; dejar de ser nosotros mismos y aceptar ser los peones en el tablero de la guerra entre el Estado mexicano y los grupos insurgentes; aceptar que nuestro delito es de nacimiento, es genético y nada ya podemos hacer y sólo cumplir con el triste papel que nos dado el Estado o mantenernos trabajando como hasta ahora lo hemos hecho, bajo el principio de la solidaridad entre todos para hacer de este mundo uno más humano a pesar de que “todo el peso de la ley” caiga sobre nuestras cabezas o hay otra opción que no podemos vislumbrar. Pedimos su ayuda para encontrar un camino y seguir nuestro trabajo en la defensa de los derechos humanos.

Emiliana, Francisco y Alejandro Cerezo, miembros del Comité Cerezo y Antonio y Héctor Cerezo, rehenes del Estado mexicano en el penal de exterminio "Altiplano".

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