#ConLosNiñosNo. Sobre el impacto laboral del Neoliberalismo en las Estancias infantiles subrogadas

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Testimonio de condiciones laborales en las estancias infantiles subrogadas (Sedesol)

En el siguiente documento ponemos de manifiesto el testimonio de algunas maestras trabajadoras de la Estancia Infantil “Manolito” y que también hemos trabajado en otras Estancias subrogadas de SEDESOL, según nuestra experiencia, lo que narramos es generalizado en otras estancias, no es un sólo caso, hacemos uso del derecho humano de libertad de expresión para describir y dar a conocer algunas de las situaciones que operaban de forma irregular en diferentes niveles, las cuales, no sólo traen consigo afectaciones a los niños, todos menores de 4 años, sino a nuestros derechos humanos laborales, ya que nos convencieron que no éramos trabajadoras, sino beneficiarias del programa de Sedesol, hoy sabemos que eso no es cierto y también la afectación es hacia los padres de familia y a la sociedad en general.

Para comenzar nosotras recibíamos un salario de $1200 a la quincena con una jornada laboral de 7:30 am a 5:30 pm, tomando en consideración dos puntos: el primero que el sueldo no correspondía a la funciones y al nivel de responsabilidad por el cuidado de los niños, además cuando se hacían los cálculos correspondientes para el pago, la encargada solo pagaba 10 días, con el argumento de que sólo se pagan los días hábiles y de trabajo efectuado, acompañado de la frase; “días trabajados, días pagados”; en cuanto al segundo punto referente a las horas de servicio, nuestra jornada laboral excedía las 8 horas establecidas por la ley, rebasando dos horas más y sin hora de comida. Cabe señalar que sumado a estas dos condiciones no teníamos ninguna prestación de ley, cómo ser dadas de alta ante el IMSS o cualquier otra, descubrimos ahora que éramos casi esclavas, que trabajábamos 50 horas por semana, sin hora de descanso o alimentación y haciendo otras labores que no nos correspondían, como describimos más adelante.

En la Estancia entre más niños beneficiarios de la Beca Sedesol tuviera, más ganaba la dueña, por tanto en los salones teníamos hasta trece niños a cargo de una sola maestra en un solo salón, esto daba como resultado la falta de atención de una sola maestra para satisfacer las necesidades de todos los niños.

Nosotras, las maestras también teníamos que realizar la limpieza exhaustiva de los salones y lavar el baño una vez a la semana, lavar todo el material didáctico, y barrer el patio, además de otras actividades que contribuían al buen funcionamiento de los espacios de uso de los niños, ya que la estancia no contaba con personal destinado exclusivamente para la limpieza, es importante señalar que nosotras debíamos cubrir labores de cocina cuando no asistía la cocinera, esto como parte del bajo salario ofrecido para estas actividades.

Regularmente la estancia ofrecía actividades adicionales con temáticas y festividades, en ese sentido teníamos que cubrir horarios adicionales sin que nos pagaran más por ese tiempo extra, además de que en algunas ocasiones teníamos que aportar de nuestro dinero a pesar de que en la misma estancia había material, que se nos prohibía usar para que no se acabara.

Otro aspecto importante de hacer notar fueron los tratos indignos de parte de la encargada de esta estancia, cuestión que se repite en todas las estancias donde hemos laborado, tales como gritos, humillaciones y privación de nuestros sueldos.
No teníamos la prestación de seguridad social como lo mencioné antes, lo retomo porque cuando faltábamos por enfermedad se nos descontaban dos días de salario, incluso presentando un justificante médico, además cuando llegábamos tarde, nos descontaban un peso por cada minuto de retraso.

También intentaron descontarnos el costo del material didáctico que usaban los niños, se nos decía que nosotros éramos responsables de no supervisar que los niños no usaran adecuadamente el material y desperdiciaran, siempre protestamos, siempre salíamos perdiendo, pero hubo cosas que de plano no pudieron obligarnos a hacer, incluso por ello es que hemos trabajado en sinnúmero de Estancias, las condiciones son iguales o peores y vamos saltando de lugar en lugar buscando una con mejores condiciones, ya vimos que no existen.

Otro de los gastos que teníamos que sufragar era la de la bata que portábamos como uniforme, considerando que durante el año se cambiaba de modelo de bata de 2 a 3 veces, nos cobraban la credencial con la que nos identificábamos, todos estos gastos eran descontados de nuestros pagos quincenales, a veces, hay que decir la verdad, podíamos recibir la mitad de lo que nos tocaba, es decir unos 600 pesos a la quincena.
En periodos vacacionales se nos descansaba sin goce de sueldo y en algunas ocasiones nos condicionaban el pago de la quincena para ir a dar mantenimiento a la propia estancia, un día fuera del horario escolar, incluso podía ser el 2 o 3 de enero si así lo requerían las vacaciones de la dueña y su familia.

La capacitación que debíamos recibir era nula y no existe la adecuación e implementación de las planeaciones para la realización de actividades que estimularan adecuadamente a los niños y contribuyeran a su desarrollo, eso no quiere decir que no estamos preparadas, estamos desde estudiantes de pedagogía, hasta maestras con carreras técnicas terminadas y acreditadas.

Otra parte bastante cruel es la de los servicios que se les ofrecía a los papás, dentro de estos se consideraba la alimentación, se supone que a través de la elaboración de un menú balanceado, el cual en la práctica nunca se cumplía, ya que no correspondía ni en las porciones ni en los alimentos que se proponían.

En ocasiones, a los niños se les daba en la comida, guisados que se les había dado en semanas pasadas. Cuando les correspondía consumir una ración de frijoles, a estos se les agregaba más agua para que alcanzarán, lo mismo hacían con la leche, por reglamento, ahora lo sabemos, debían ser dos comidas calientes y el desayuno era te o cereal con leche y agua y sólo la comida era un guisado caliente, la cantidad de comida que se preparaba siempre era insuficiente, ya que no había opción de que se les sirviera una segunda porción si los niños así lo querían, el objetivo era no hacer más comida.
Incluso cuándo la dueña gestionó, no sabemos cómo, que el DIF nos surtiera el desayuno, galletas, barras de cereal y leche, esta última se quedó almacenada durante algunos meses y caducó, a pesar de esto se les seguía ofreciendo a los niños, sin considerar que eso podía perjudicar su salud.

Los baños en algunas ocasiones no estaban en las mejores condiciones, esto debido a la falta de mantenimiento y del mobiliario inadecuado e insuficiente para todos los niños de la Estancia.

A principios del año 2018, tuvo un incremento la colegiatura, de 50 pesos a los beneficiarios del programa y a los particulares (refiriéndonos a los niños que excedan la edad de atención del programa: Preescolar 2 y 3) año con año, asimismo se cobraba por cada evento adicional que se hiciera dentro de la Estancia, sumado una lista de material que se debía cubrir anualmente, pidiendo entre otras cosas
24 rollos de papel higiénico, 12 paquetes de sanitas, 12 paquetes, Trapos, Manteles, 2 litros de jabón líquido, 3 aromatizantes Desinfectantes, 3 Paquetes de toallitas desinfectantes, 3 Paquetes de servilletas de 500 piezas, 12 cajas de pañuelos, 12 cepillos dentales, Pastas dentales.

Hacían obligatoria la compra de libros y de un uniforme que utilizaban los niños, hay una situación que es relevante exponer, a los niños que excedían de la edad correspondiente al programa, cuando concluían el curso se les expedía un certificado de la educación preescolar, y pues como tal lo expedían a través de otra escuela ya que esta estancia como muchas otras no cuentan con su incorporación a la SEP, claro, teniendo un costo adicional dicho certificado.

Hemos sido testigos de la manipulación del registro de las hojas del diario de los niños, donde la dueña y sus maestras de confianza alteraban los datos para dar cuenta que acudían niños que estaban dados de alta pero ya no asistían a la estancia.

Con respecto a las supervisiones de DIF Y SEDESOL, los supervisores iban a desayunar, no a supervisar, por lo que no reportaban anomalías, en el papel las estancias siempre cumplían con las condiciones para operar. Un ejemplo de la corrupción es que previniendo la supervisión del DIF o SEDESOL en los salones estaban sólo 8 niños como lo dictaminaban las reglas de operación, esto lo hacían cambiando los niños próximos a cumplir cuatro años al salón donde se atendía al grupo de preescolar 2 y 3 que cómo no estaba dentro de la supervisión, pues no importaban para el supervisor.

Otra anomalía que específicamente en esta última estancia se daba es el nepotismo, ya que en la nómina están familiares de la encargada, los cuales cobraban el doble de lo que nosotras cobrábamos, solo por hacer funciones tales como abrir la puerta o el mantenimiento, pero que durante toda la jornada no se hacían presentes, digamos eran como “aviadores”.

Todo esta situación la normalizamos, ya que en todas las Estancias en las que hemos trabajado pasa lo mismo, con ciertos matices, pero es igual, la gota que derrama siempre el vaso es que no sólo no nos paguen completo aduciendo o descontando todo, sino que nos iban a pagar 400 pesos por la última quincena de diciembre, protestamos y magnánimamente nos dijo la dueña que nos daría 100 pesos más, pero hasta que regresáramos del año nuevo.

Lo más difícil era poder hablar con los padres, ya que se nos tiene prohibido tener cualquier contacto con los padres que no sea el entregar o recibir a los niños, no podemos pedirles sus teléfonos o hablarles fuera de la Estancia y gracias a que los padres empezaron a darse cuenta de esta situación es que pudimos encontrar la manera para que de manera organizada, exigiéramos nuestros derechos laborales y que los padres de familia exigieran lo justo en la estancia, los padres de familia se enteraron de nuestras condiciones y nosotros con su apoyo nos enteramos de los derechos humanos laborales y decidimos no sólo salirnos, sino incluso algunas de nosotras denunciar a la dueña. Hoy tenemos un proyecto educativo colectivo que estamos intentando de hacer, nos dimos cuenta que sin patrona o dueña, nosotros somos las que hacemos todo el trabajo.

Estamos de acuerdo con el alto al huachicoleo de los niños en las estancias infantiles subrogadas, que ningún recurso vaya a esos particulares que tratan de robar todo lo que pueden, pero también exigimos que el Estado nos dé una alternativa de trabajo digno y bien remunerado a todas las trabajadoras de las Estancias, pedimos que, conforme al slogan de que primero los pobres se nos apoye para la creación de una cooperativa con padres de familia para mejorar el cuidado y educación de los menores de 4 años, se nos facilite espacios adecuados para poner una estancia modelo o que nos contraten en las estancias públicas con un salario digno y bien remunerado.

Maestras en resistencia
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