Digna Ochoa y Plácido presente hoy y siempre

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Digna Ochoa y Plácido presente hoy y siempre

19 de octubre de 2018

El amor profundo hacia las personas y tu sentido de la búsqueda de la justicia para el oprimido te condujeron a decenas de personas para defenderlas jurídicamente.
Ese amor, esa búsqueda y tu fe en Jesús te llevaron a encontrarnos, ya te conocíamos porque leímos en el periódico del acoso en tu contra, de las amenazas, de tu exilio, del intento de ejecución extrajudicial cuando te dejaron amarrada a una silla con el tanque de gas abierto.

Pero nos encontramos (nos encontraste) en el mal llamado y tristemente célebre Centro Federal de Readaptación Social (CE.FE.RE.SO) número 1 llamado en aquél 2001 “La Palma”, hoy llamado “Altiplano”.

Alejandro, Héctor, Antonio Cerezo Contreras y Pablo Alvarado Flores habíamos sido detenidos el 13 de agosto de 2001 y trasladados a “la Palma” el 17 de ese mismo mes y año acusados de delincuencia organizada, terrorismo, daño en propiedad ajena entre otros delitos.

Con todo tu amor, sentido de la justicia y tu fe fuiste muy clara en explicarnos que nuestra obligación era estar atentos en las audiencias para apoyar nuestra defensa.
No hablaste de tus honorarios, hablaste como una persona que desde las leyes defendías a quienes habían sido víctimas del Estado sin que tu fe se contrapusiera con la búsqueda de Justicia. Tu práctica era la fiel expresión del ideal del cristiano comprometido con el pueblo del que forma parte: “construir el reino de Dios en la Tierra aquí y ahora”.

Resultaste demasiado incómoda, demasiado subversiva, demasiado congruente y por ello te ejecutaron extrajudicialmente el 19 de octubre de 2001 en tu despacho del entonces Distrito Federal.

No era nuestro caso el único que llevabas, nunca fuiste mezquina con tus conocimientos ni con tus capacidades jurídicas, no nos juzgaste antes que el Estado para definir la pertinencia de llevar o no nuestro caso. Lo asumiste y lo llevaste hasta el día de tu muerte como el de otros luchadores sociales de Guerrero y de otros estados del país.

Si algo te define ante nuestros ojos además de tu nombre es amor y justicia, lucha constante y verdad.

Todavía presos Héctor y Antonio en Morelos, a finales de 2007 y principios de 2008 tuvimos la fortuna de conocer a tus hermanas de la congregación de las dominicas del verbo encarnado. Conocerlas fue conocerte un poco más, el comprender el sentido de tu vocación, de tu vida, de tu práctica, de tu ejecución cobarde y fríamente ejecutada.

Todavía hoy, 17 años después de que nos fuiste arrancada, caminamos con tus hermanas, fuiste, eres, ya lejos de nosotros, un lazo que no se ha roto salvo por la partida anticipada de personas que llegamos a querer y que hoy amamos como parte de nuestra familia.

Tu nombre, tu vida y tu ausencia es un punto de encuentro de quienes como tú luchamos por Justicia, por Verdad, por Memoria.

No vamos a condenarte al olvido, no vamos a medir la pertinencia política de exigir hoy para ti Justicia, Verdad, Memoria y el desmonte de las estructuras que hicieron posible tu ejecución extrajudicial, porque no somos nosotros quienes negaron la lucidez y la pureza de tus convicciones, no somos nosotros quienes con frío cálculo político de por medio demeritaron tu vida, tu trabajo, tu vocación y entrega al pueblo oprimido, explotado, rebelde, y en lucha por sus derechos.

Hoy como siempre, hoy más que siempre nos toca ser inoportunos, tal vez impertinentes por recordar tu nombre, un pedacito de tu vida, cuándo, dónde y por qué te ejecutaron, porque hoy muchos considerarán una afrenta exponer la necesidad de hacer Justicia en tu caso y de develar la Verdad que llevó a tus asesinos a lograr su cometido.

Seguimos juntos en este sueño Digna, construir un mundo justo para todos, un mundo donde unos pocos no opriman y exploten a la mayoría y esa mayoría ni siquiera pueda defenderse de quienes con leyes de por medio o sin ellas imponen su voluntad y sus intereses económicos y políticos.

DIGNA

Poema a nuestra abogada Digna Ochoa y Plácido

Visitarte en el ocaso,
cuando seca tu sangre palpitaba,
guardar tu aliento entre mis venas.

Aferrada a la vida
morías entre cafetales,
entre flores blancas.

Tu grito ¿gritaste?
que maldijo al verdugo en tu agonía
se quedó entre nosotros, tus hermanos.

No descanses en paz
como no asumimos tu muerte en el silencio,
aún nos queda mucho por hacer
miles de sueños que concluir
miles de manos que estrechar.

Nos reclama la vida otro esfuerzo
construir un país distinto,
con gente distinta
seguimos juntos Digna, en este sueño.

23 de octubre de 2001.
Antonio Cerezo Contreras
CEFERESO #1 La Palma, Almoloya.

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