Muerte en el Ajusco Plaza Publica, abril 30 de 2004

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

El cuerpo de Noel Pável González González fue encontrado en el Ajusco el sábado anterior. En apariencia se había privado de la vida, ahorcándose con su propia camiseta. Una nota manuscrita daba cuenta de su decisión. Pero el padre de la víctima oyó del médico forense un dictamen en sentido contrario: no fue suicidio sino asesinato, perpetrado a golpes, que produjeron graves lesiones internas y externas, como si lo hubieran torturado.

Eso es lo que sostiene no sólo la familia de la víctima sino sus compañeros en la UNAM, que ayer marcharon del Hemiciclo a Juárez hasta la Secretaría de Gobernación en protesta y denuncia por esta muerte. Aseguran que se trata de un crimen político, debido a que González González era un activista, miembro del Consejo General de Huelga cuando cursaba el bachillerato en el plantel sur del Colegio de Ciencias y Humanidades. Tras la huelga de 1999-2000, al concluir su preparatoria se inscribió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, para estudiar Antropología Social, y en la Facultad de Filosofía y Letras para cursar estudios latinoamericanos. Participaba también como voluntario en apoyo de la cooperativa Smaliyel, que entre otras acciones distribuye en la ciudad de México café cultivado en las zonas chiapanecas de influencia zapatista.

“El lunes 19 de abril —informan sus amigos en una carta— Pável no regresó a casa, lo que provocó la preocupación de sus padres y compañeros. El viernes 23 de abril se levantó el reporte de extravío con número 6918 ante la PGJDF, pues continuaba desaparecido. El sábado 24 a las 7:00 horas sus padres fueron avisados de la aparición de su cuerpo en el cerro del Ajusco.

“De acuerdo con datos del forense, el cuerpo presenta maltrato físico, tortura, violación y un golpe en la cabeza que provocó la fractura del cráneo, todo lo cual fue realizado a partir del primer día de su desaparición, causándole la muerte el viernes. El cuerpo fue encontrado ahorcado, aparentando un suicidio”.

El lunes 26, según informaron los familiares de la víctima, fueron recibidos por el procurador Bernardo Bátiz, que estaba en la creencia de que se trataba de un suicidio, pero ofreció ampliar las investigaciones ante los planteamientos de los deudos de González González. Se ordenaron peritajes para determinar las causas de la muerte, aunque bastaría corroborar los términos expresados por el forense, en que la familia de la víctima basa su presunción.

Se requiere, tal como lo demandan parientes y amigos de González y González, y quienes no lo somos también, una indagación exigente y escrupulosa de lo acontecido. Si se encuentra que es en efecto un homicidio y no un suicidio, será necesario perseguir con denuedo a los agresores. Todo crimen es grave de suyo, pero este lo sería en mayor medida si su crueldad obedeciera a una motivación política.

Esa es la convicción de los compañeros de Noel Pável, que sin embargo la expresan de un modo general y anticipado que imposibilita compartir sus apreciaciones, al menos en el estado actual del caso: “Consideramos, dicen, que los hechos acaecidos fueron ejecutados por un grupo especializado en tortura que recuerda las peores épocas de la guerra sucia y nos obliga a pensar en un nuevo proceso de aniquilación de activistas sociales”.

Los miembros del Comité Cerezo, organizado para pugnar por la libertad de los hermanos de ese apellido, injustamente presos, van más allá de estas de por sí graves presunciones, pues aseguran que se trata de “una guerra sucia trazada y organizada como política genocida del estado no sólo contra activistas de la UNAM, sino de todo el pueblo”. Aseguran que “no hay duda del carácter político de este crimen” y sentencian, peligrosamente, que “quien piense diferente, le hace el juego al Estado”.

Sin detenerse a hacer un planteamiento formal, como cumple a una entidad de interés público, como son los partidos, el PT se ha asociado a la demanda de esclarecimiento del crimen apelando a autoridades a las que no concierne el asunto: “Exigimos a la administración foxista, a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal y a las autoridades de la UNAM, el esclarecimiento pronto y expedito de este atroz homicidio, así como el cese inmediato de los actos de represión ejecutados en contra de quienes participaron en el Consejo general de huelga (CGH) de la UNAM en 1999, y que participan política y socialmente por una educación y un México mejores”.

Existen en efecto en la Universidad Nacional restos del CGH, cada día menos relevantes en la vida universitaria. Actúan en algunos establecimientos, sin influir en el curso de los procesos académicos y políticos que configuran las tareas de la UNAM, y a menudo lo hacen con expresiones violentas, precisamente porque su reducida presencia les dificulta o impide esgrimir argumentos persuasivos. Los integrantes de esos grupos, remanente de una huelga que ya quedó muy atrás tienen pleno derecho a sustentar sus ideas sobre la educación superior pública y gratuita, pero esas ideas se degradan cuando se imponen por la violencia.

Exigir la averiguación rigurosa de la muerte de Noel Pável González y González es una demanda sensata y necesaria. Si en efecto se le torturó y ultrajó, y se le sometió a una agonía de varios días, estaríamos en presencia de un grave peligro social. Pero hoy mismo no lo sabemos, por lo que no es lícito dar por concluida una averiguación que aún no comienza en sentido estricto, pues hasta ahora parecía un caso de rutina.

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