Denuncian en Chiapas agresiones del grupo paramilitar ‘Los Petules’

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Mathieu Tourliere | 31 de octubre de 2015

MÉXICO, DF (apro).- El pasado 29 de septiembre fue asesinado Héctor Sántiz López, de 25 años de edad, mientras se encontraba en una de las tres camionetas que trasladaban a pobladores del ejido El Carrizal, perteneciente al municipio chiapaneco de Ocosingo, rumbo a la comunidad de Altamirano. Dejó una viuda y tres hijos.

Según los pobladores del ejido, quienes forman parte de la Organización Campesina Emiliano Zapata (OCEZ) –a su vez integrante del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS)–, paramilitares del grupo conocido como Los Petules emboscaron los vehículos en la carretera. Los ocupantes de las camionetas salieron corriendo de manera dispersa.

Al reunirse por la noche se percataron de que Sántiz López era ausente. El día siguiente, una comisión de familiares se trasladó a la comunidad de los paramilitares para pedirles el cuerpo, pero éstos se negaron y les comentaron que “este perro se debe podrir aquí”, recordó en entrevista con Apro el hermano de Héctor, Ramiro Sántiz López.

Apenas tres días antes, el 26 de septiembre, mientras pobladores de El Carrizal se encontraban en Ocosingo para conmemorar el primer aniversario de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los mismos “paramilitares” dispararon a Emilio Sántiz López –cuñado de Héctor–, quien se había quedado a trabajar en su milpa, según la OCEZ.

Dos balas le hirieron el rostro y el joven cayó inconsciente. Los pobladores contaron a Apro que llamaron a una ambulancia, la cual se tardó cinco horas en llegar.

Al trasladarse con el herido al hospital, observaron que las autoridades venían por varios de ellos, pues tenían órdenes de aprehensión en su contra. Los campesinos zapatistas de El Carrizal están tachados como guerrilleros, precisaron. Llevaron al herido de vuelta a la comunidad, sin que éste recibiera la atención médica. “Ahora casi no puede comer, puro licuado”, precisó Ramiro.

A inicios de los años ochenta, el actual ejido El Carrizal se llamaba rancho San Rafael y pertenecía a la familia Liévano Domínguez. Los caciques regionales trataban a los pobladores indígenas –prácticamente todos de la misma familia– como esclavos para explotar sus tierras.

En 1983, los campesinos tzeltales se levantaron, bajo el liderazgo de Gustavo Sántiz López –el padre de Héctor y Ramiro–, y se apoderaron de las tierras. Sin embargo, en los años noventa varias familias se separaron del ejido y, con el apoyo de las autoridades de Ocosingo, crearon el poblado El Nacimiento.

Se afiliaron a la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (Orcao) y luego conformaron el grupo de choque Los Petules. A partir de este momento, la OCEZ denunció de manera repetida los actos de hostigamiento y las agresiones del grupo paramilitar contra los pobladores y las tierras del ejido El Carrizal.

En 2012, varios de los pobladores denunciaron durante una asamblea que Lorenzo Sántiz López –tío de Héctor y Ramiro–, entonces comisariado ejidal, robaba el dinero que generaba la cooperativa de café y no cumplía con sus obligaciones como autoridad.

Estalló una disputa y el tío juntó otras familias y salieron de la comunidad. Por la fuerza se adueñaron de las tierras del ejido ubicadas del otro lado del río, entre ellas el potrero y las 190 piezas de ganado. Se unieron al grupo de Los Petules y desde entonces se convirtió a su vez en paramilitares. “Si nos ven acercarnos al río, nos disparan”, explicó Ramiro.

Emilio Sántiz López identificó a Jesús Sántiz López como el autor de la tentativa de asesinato en su contra. Otros pobladores añadieron que el agresor utilizó un rifle AK-47, también conocido como “cuerno de chivo”.

Después de los trágicos acontecimientos, los “paramilitares” instalaron retenes en la carretera Cuxujlá-Altamirano, donde revisan las credenciales de los viajeros, denunció Ramiro, al añadir que incluso “no dejan pasar a los maestros” de la escuela.

En los últimos días, añadió, un helicóptero de la policía estatal chiapaneca sobrevoló el ejido y dos camionetas de la misma corporación visitaron el campamento de Los Petules.

“A veces van a hacer guardias ahí, en su campamento”, explicó Ramiro.

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