Carta a mis padres, 19 de abril 2006 Antonio Cerezo Contreras

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Queridos padres

Se me hace un poco difícil escribirles y es que habría tanto que contarles que me parecen pocas dos, tres o cuatro hojas para hacerlo; pero además, porque me gana la emoción y eso me impide ser lo ordenado que quisiera ser, lo claro, lo prudente.

Hay una carta para ustedes escrita el año pasado la cual estaba en mis pertenencias al ser trasladado y que no sé si vayan a entregar a Emi el día en que me visite. Esa carta, que me costó mucho trabajo escribir, la voy a dar por perdida. Lo único que pretendo decir con esto es que les he escrito; aunque no se conozca públicamente lo que les platico.

¿Por dónde empezar?

Han sido difíciles las condiciones carcelarias en los últimos tiempos, nos hemos enfrentado a nuevas circunstancias de reclusión; a la lejanía física, a la falta de visitas constantes, al hostigamiento psicológico, a los intentos de humillación, de sometimiento, de quebrantamiento de nuestra dignidad. A cosas tan comunes en estas cárceles.

Ante estas nuevas circunstancias hemos tenido que protegernos, hemos construido nuestros mecanismos psicológicos de defensa. No sé si los mejores, pero si lo que nos ha permitido mantener nuestra dignidad y con ella nuestros principios y nuestra moral.

Es cierto que somos vulnerables a cualquier tipo de abuso, es cierto que han violado nuestros derechos humanos y como presos, al trasladarnos arbitrariamente, al negarnos una cobija, al negarnos papel higiénico, al retardar el derecho a una llamada telefónica, es cierto que pueden ensañarse aún más contra nosotros en un futuro y disfrazar esa saña o justificarla con base en otras mentiras; pero no por lo anterior podemos sentirnos derrotados, porque la derrota sería renegar de lo que somos y hemos sido; sería renunciar a creer que un mundo mejor al actual es posible; sería dejar de creer que por amor se es capaz de resistir y de luchar por mejores condiciones de vida para nuestro pueblo; derrota sería, queridos padres, no comprender el esfuerzo que han hecho diversas organizaciones y personas por liberarnos, por lograr nuestro traslado a un lugar más cercano a nuestro lugar de residencia. Derrota sería no comprender que aunque lejos de ustedes, imposibilitados de convivir con ustedes, el afecto permanece y se fortalece.

Han sido los momentos felices de mi niñez y mi adolescencia junto con ustedes los que me han permitido sonreír todavía, los que me han permitido comprender qué suceda lo que suceda, el afecto que nos une no podrá ser destruido.

Que hay cosas que nos lastimas, cierto, muy cierto, que hay momentos de tristeza y de nostalgia, también; que en ocasiones se anhela un abrazo, una carta de nuestros seres queridos; que a veces, se espera más de ciertas personas, pues si; pero cuando uno es preso debe aprender a vivir con lo que hay por que es a fuerza, por que es mejor aprender a vivir así, a vivir en la magia o el autoengaño. Que de repente me siento menos capaz de expresar lo que siento, creo que es normal, tan normal como jamás perder la esperanza de algún día estar libre.

Sé que se preocupan por nosotros, pero como bien escribió Mamá hace años, “lo que va a ser, será”.

Lo importante es qué pase lo que pase, uno no renuncia a sí mismo ni por lo que ha luchado.

Bueno, queridos padres, la verdad no sé que más escribirles, ¿pueden creerlo?

Cuídense mucho, sabemos que hacen lo que pueden por nosotros y sepan que nunca nos hemos sentido abandonados, por que ustedes han sido nuestra fuerza y un motivo para resistir.

Los ama

Antonio

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