5 años de libertad, cinco años de trabajo y compromiso en la defensa y promoción de los derechos humanos.

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

El jueves 20 de Febrero, a las 16: horas, en el ágora de la Facultad de Filosofía y Letras UNAM, se presentara el Documental Seguir siendo de Emiliano Altuna (con la presencia del realizador) sobre el caso de detención, tortura y encarcelamiento de los hermanos Cerezo y Pablo Alvarado y la lucha del Comité Cerezo México por liberarlos.

En diciembre de 2007Héctor había sido trasladado al penal de Atlacholoya, Morelos y Antonio fue trasladado en marzo de 2008 al mismo lugar. Por primera vez, después de 6 años y 6 meses de injusto e ilegal encarcelamiento, pudimos estar juntos y platicar por más de una hora en una cárcel que no era de Máxima Seguridad. Ambos llegábamos procedentes del mal llamado Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso). “Altiplano”, el cual renombramos comopenal de exterminio de la dignidad humana.

Ambos habíamos sido objeto de un traslado previo por la constantes denuncias en materia de violaciones a los derechos humanos que se realizaban desde el interior y exterior del Penal: Héctor había sido enviado al Cefereso de Puente grande en Jalisco y Antonio al cefereso de Matamoros, Tamaulipas.

El segundo semestre del 2007 había sido de mucha tensión dentro y fuera de la cárcel, las amenazas de muerte contra los compañeros del Comité por parte del Estado fueron intensas, la campaña de ser fachada de un grupo insurgente se reanimaba después de las voladuras de los ductos de PEMEX que se adjudicó un grupo armado exigiendo así la presentación con vida de dos de sus compañeros detenidos desaparecidos hasta hoy, febrero de 2014.

Durante los 7 años y medio de prisión los compañeros del Comité Cerezo México fuera y dentro de la cárcel vivimos una campaña permanente del Estado que nos señalaba como fachada de un grupo insurgente para así justificar los seguimientos, hostigamientos, las grabaciones y abonar propositivamente al aislamiento respecto a las demás organizaciones de derechos humanos y sociales. Este argumento siempre ha buscado generar miedo en las personas que se acercan a nosotros, miedo que los aleje.

Sin embargo, a pesar de la vigilancia especial de la que éramos objeto dentro y fuera de la cárcel pudimos resistir sin vendernos, sin abdicar de nuestros principios y convicciones y seguir luchando desde esa trinchera de lucha, hecho del cual siempre nos hemos sentido orgullosos.

¿Por qué hacer este breve recuento hoy, cinco años después de estar libres? Porque existen jóvenes y no tan jóvenes que ni siquiera conocen lo que vivimos, mucho menos lo que somos y hacemos, porque la desmemoria y la distorsión de los hechos siempre han sido un medio promovido desde el Estado y sus voceros para seguir atacando el trabajo de defensa y promoción de derechos humanos que seguimos realizando.

Hoy después de 13 años de trabajo seguimos igual de firmes en nuestras convicciones y en nuestros principios, tenemos el reconocimiento y la legitimidad nacional e internacional ganados a pulso, por nuestro trabajo, por la defensa de otros presos por motivos políticos, por el acompañamiento a víctimas de desaparición forzada y personas defensoras de los derechos humanos hostigadas y amenazadas y por la capacitación en materia de derechos humanos a miles de personas con o sin organización.

Como dato que cabe destacar que la convocatoria para la Escuela General de Derechos Humanos 2014 del Comité Cerezo México tuvo este año 307 solicitudes de ingreso.

Hoy muchas personas recurren a nosotros buscando orientación y hemos compartido conocimientos sin cobrar nunca un solo peso; hacemos café, hemos vendido tacos y paletas y hemos boteado para conseguir recursos para otros compañeros y para nuestro Comité, lo cual no nos avergüenza.

Pero esta situación no siempre fue así, no siempre nos buscaron; al contrario, en agosto de 2001 cuando nos detuvieron los militares y la policía federal, muchos colectivos y organizaciones y profesores de la universidad nos negaron, pocos se atrevieron a tendernos la mano, éramos incómodos, políticamente no era correcto defendernos, éramos los “terroristas”, los “radicales”, los conocidos o amigos que llevarían problemas a quienes se atrevieran a defendernos, simplemente decir que no éramos lo que las autoridades decían era colocarse en la mira del Estado.

Pero hoy aquí estamos con un trabajo de por medio, con la cabeza en alto, resistiendo como muchas organizaciones de derechos humanos y sociales en el país, el rumor, la mentira y los estigmas que vienen del Estado.

No nos pudieron aislar diciendo que éramos fachada de un grupo insurgente, no han podido que dejemos de luchar a pesar de las 12 amenazas de muerte en contra de los integrantes del Comité, contra nuestras familias, con los hostigamientos, la vigilancia y por eso, han inventado otros rumores, que somos paramilitares o agentes del Estado, que otras personas repiten, algunas, irresponsablemente, otras con toda la intensión de hacernos daño, de acallar nuestro trabajo y justificar ataques en nuestra contra.

Pero el tiempo nos coloca a cada quien en el lugar exacto al que pertenecemos, el trabajo que realizamos habla por nosotros, nunca hemos dicho que somos perfectos, no lo somos como organización ni como personas, pero hoy al igual que cuando estábamos presos a mereced de las autoridades, sometidos a la humillación y ataque constante, no nos vamos a rendir, no dejaremos de luchar, no sucumbiremos ante la adversidad y afrontaremos con nuestro trabajo y dignidad los intentos de descalificación.

Nos debemos al pueblo que lucha por sus derechos y quien de manera honesta y consecuente luche por cualquier derecho humano tendrá en nosotros una mano tendida, independientemente que piense o no piense como nosotros. No juzgamos por el discurso, nos importarán siempre los actos, los hechos.

Gracias a todas las personas, colectivos, organizaciones y comunidades que nos siguen acompañando, gracias a quienes han creído y confiado en nosotros, gracias a quienes se han dado la oportunidad de conocernos y de trabajar conjuntamente, gracias a los que nos han compartido conocimientos y experiencia, a los que en los momentos difíciles siempre nos han brindado su solidaridad, aun acosta de su propia integridad y de que les pasen la factura por el simple hecho de hablarnos o por no hablar mal de nosotros.

Esperemos estar otros cinco años más; libres y vivos para seguir luchando, pero si no fuese así, si el Estado nuevamente nos encarcela, nos ejecuta extrajudicialmente o nos desaparece de manera forzada, tendremos la seguridad de que hemos aportado con nuestro granito de arena a la lucha de este pueblo digno por la realización plena de sus derechos humanos y serán otros los que continúen en la férrea tarea de defender los derechos humanos, a quienes los defienden y en la construcción de un México donde la miseria, la explotación, la corrupción y la violencia sean un viejo recuerdo.

¡A 5 años de recuperar nuestra libertad: Presos ayer; libres siempre!

Héctor y Antonio Cerezo Contreras

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