No atizar el fuego

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

Olvidan que el 27 de noviembre de 2008 el gobierno de Leonel Godoy encarceló a 180 normalistas de Tiripetío en un operativo en el que hubo un jóven herido de bala, Gabriel Rivera Gómez –según el Comité Cerezo–, 20 normalistas golpeados y nueve estudiantes que, posteriormente, obtuvieron su libertad bajo fianza.

Atizar el fuego es lo menos recomendable en el momento presente de Michoacán. Es necesario calmar los ánimos y avivar el espíritu de reconciliación. Mostrar a los normalistas como los peores engendros del mal o equiparar a Fausto Vallejo con Gustavo Díaz Ordaz son exageraciones que, al final, pueden repercutir en la confrontación y finalmente en la pérdida de vidas humanas y en la fractura, estéril, sin frutos, que derivará en un mayor atraso y heridas más profundas en la sociedad. La pretensión de llevar a Michoacán a un callejón sin salida es una irresponsabilidad.

Un paso positivo será que los grupos magisteriales abandonen las estrategias de violencia y confrontación. Que los maestros democráticos y normalistas dejen de afectar a terceros, que renuncien a la toma de unidades de transporte de pasajeros, de camiones repartidores y de gas, y a bloquear arterias urbanas y carreteras.

Con esos métodos la mayor parte del pueblo se enfurece porque no la dejan llegar a su trabajo, porque sus enfermos pierden citas en los hospitales públicos, porque a los campesinos se les echan a perder productos perecederos, porque los taxistas y choferes del transporte público dejan de percibir sus ingresos, porque a ciudadanos comunes les trastocan la vida y es el pueblo el afectado por esas acciones no el gobierno. No se tiene porque renunciar a defender una causa, pero se puede protestar sin abandonar el marco de la legalidad.

Por otra parte, el secretario de Educación Pública, José Ángel Córdova, tiene que abrir sus oídos y dialogar con los normalistas, ya que es la federación la que traza las políticas educativas y a él le compete el tema de la currícula.

Otro paso importante será garantizar que se deje hablar a los estudiantes, que en los medios masivos de comunicación, impresos y electrónicos, se les permita expresar su punto de vista.

“¡Tiri vive!”, frase que aparece frecuentemente pintarrajeada en los muros de Morelia expresa el anhelo de los estudiantes de que esa Normal rural no desaparezca; los estudiantes han luchado por la sobrevivencia del plantel, toda vez que las Normales rurales han venido cerrándose en el país. Las acciones que emprenden cada año en el fondo tienen el propósito subsistir y de que el gobierno asegure plaza automática a los egresados. Sin embargo, el radicalismo extremo es la vía segura para que Tiri muera, como ya ocurrió con la normal de El Mexe, Hidalgo.

Los muchachos se acostumbraron desde hace por lo menos 35 años a tomar autobuses. En ese entonces sólo los usaban para transportarse a fin de manifestarse en Morelia sin retener los vehículos ni bajar a los pasajeros; en otro México, el del partido prácticamente único, el de la represión contra manifestaciones pacíficas, el de los desaparecidos políticos, el de la falta de libertades cívicas, en el México de la prensa y los medios electrónicos de comunicación totalmente controlados.

Luego de la transición, la práctica cayó en excesos: bajar al pasaje, llevar los autobuses y encerrarlos en el interior del plantel, secuestrar vehículos de otro tipo, unidades repartidoras y pipas de gas, como método de presión para sentar al gobierno en la mesa de negociaciones. El método funcionó, pero se agotó. La inconformidad de los afectados obligó al gobierno a actuar en otro sentido.

Es absurdo que figuras destacadas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) compararen a Fausto Vallejo con Gustavo Díaz Ordaz. En los operativos del lunes anterior no hubo un solo muerto, ahí estuvo la Comisión Estatal de Derechos Humanos y todo se videofilmó. Olvidan que el 27 de noviembre de 2008 el gobierno de Leonel Godoy encarceló a 180 normalistas de Tiripetío en un operativo en el que hubo un jóven herido de bala, Gabriel Rivera Gómez –según el Comité Cerezo–, 20 normalistas golpeados y nueve estudiantes que, posteriormente, obtuvieron su libertad bajo fianza. En ese caso no hubo condena de quienes ven ahora una terrible acción represiva.

Tampoco condenaron a Lázaro Cárdenas Batel, cuando el 20 de abril de 2006 ordenó reprimir a los trabajadores de Sicartsa, acción en la que dos obreros fueron asesinados y por la fuerza pública estatal. No han reclamado que esos crímenes permanecen impunes. Ni han condenado lo ocurrido recientemente, el viernes 19 de octubre de 2012, en la ciudad de México, cuando el gobierno perredista de Marcelo Ebrard retiró por la fuerza a los jóvenes que tenían bloqueada la avenida Insurgentes Sur exigiendo la libertad de los normalistas michoacanos.

Las Normales rurales han brindado a jóvenes campesinos de escasos recursos la oportunidad de servir a la comunidad y tener un futuro mejor. Estos planteles surgen en México a raíz de la Revolución, el gobierno de Álvaro Obregón se preocupó por la educación y designó como secretario del ramo a José Vasconcelos. En 1922 se fundó la primera Normal rural de Latinoamerica, que por cierto no fue la de Tiripetío, sino la de Tacámbaro, en un edificio donado por Ignacio Chávez, padre del eminente cardiólogo, tenía el propósito de alojar en un internado a jóvenes campesinos que se prepararan para instruir después en las comunidades, combatir la ignorancia, enseñar para sacar de su postración a los desposeídos fueron los nobles propósitos de estas instituciones. Funcionan como internados en los que además de la carrera magisterial, el Estado mexicano proporciona a los alumnos alimentación y hospedaje. Existieron las Normales rurales de Huetamo y Aguililla.

En 1925, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles se creó la Escuela Central Agrícola de La Huerta, cerca de Morelia, la que en 1941 se transformó en Escuela Normal Varonil. Posteriormente, en la Ex Hacienda de Coapa, en Tiripetío, se estableció la Normal Femenil, la cual cerró. En 1968, junto al casco de la vieja hacienda, el Comité Administrador para la Construcción de Escuelas (CAPFCE) construyó nuevos edificios. Es entonces cuando nació la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, a ella emigraron los alumnos de La Huerta con toda su tradición de lucha y su militancia en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM).

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