Ponencia para recibir el Premio de la Paz de Aquisgrán, Alemania 2012.

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Este Premio es para todos los que han sido integrantes del Comité, para todos nuestros colaboradores, para todas las personas solidarias en México y fuera de él, pero sobre todo este Premio es para quienes a pesar de vivir para luchar por el respeto de los derechos humanos y para la construcción de la Paz en nuestro país no son conocidos públicamente, pero sí son víctimas de amenazas, vigilancia, hostigamiento, prisión por motivos políticos, ejecución extrajudicial, desaparición forzada y desplazamiento forzado.

Antes de comenzar con una breve exposición de lo que sucede en nuestro país en materia de derechos humanos queremos hacer un breve recuento de nuestra historia y agradecer por la entrega de este Premio.

Hace once años ya, en agosto de 2001, Alejandro, Héctor, Antonio Cerezo Contreras y el indígena náhuatl Pablo Alvarado Flores fuimos detenidos de forma ilegal, fuimos torturados física y psicológicamente y fuimos encarcelados en penales de máxima seguridad donde la violación a los derechos humanos es un acto cotidiano. Todo con el argumento de que nuestra manera de pensar, no nuestros actos, coincidía con grupos desafectos al Estado mexicano.

Hace once años diferentes personas, nuestros amigos y compañeros de la universidad, nuestros hermanos, Emiliana y Francisco, comenzaron la construcción de la organización de derechos humanos que hoy somos: el Comité Cerezo México.
Logramos que Alejandro Cerezo saliera de prisión declarado inocente de todos los cargos en su contra y logramos a pesar de la decisión de carácter político, más que jurídico, de mantenernos presos, que las sentencias contra Pablo Alvarado Flores y Héctor y Antonio Cerezo fueran mínimas: 5 y 7 años 6 meses de prisión, respectivamente.

Han sido ya once años de luchar por la defensa de los derechos humanos, han sido once años de luchar contra la estigmatización de los integrantes del Comité, de denunciar los hostigamientos, la vigilancia, las amenazas y agresiones de los cuales hemos sido objeto a lo largo de estos años, todo por nuestra labor de defensa y promoción de los derechos humanos.

Consideramos necesario este breve recuento de nuestra historia porque a lo largo de estos once años varias decenas de compañeros y organizaciones han contribuido, a costa de su propia seguridad, a vernos libres primero y a fortalecer nuestro trabajo.

Este Premio es para todos los que han sido integrantes del Comité, para todos nuestros colaboradores, para todas las personas solidarias en México y fuera de él, pero sobre todo este Premio es para quienes a pesar de vivir para luchar por el respeto de los derechos humanos y para la construcción de la Paz en nuestro país no son conocidos públicamente, pero sí son víctimas de amenazas, vigilancia, hostigamiento, prisión por motivos políticos, ejecución extrajudicial, desaparición forzada y desplazamiento forzado.

Gracias a todos por su esfuerzo y entrega, gracias por su ejemplo, gracias por su confianza depositada en nosotros y en nuestro trabajo, gracias a Brigadas Internacionales de Paz por su acompañamiento desde febrero de 2002. Seguiremos este camino, conscientes de que un Estado que ha renunciado a sus obligaciones con respecto a los derechos humanos o que las condiciona a los intereses económicos y políticos de una minoría de la población, es capaz de encubrir u ocultar su responsabilidad en los ataques y amenazas que podamos sufrir en el futuro

Dicho lo anterior pasamos a exponerles la situación grave que vive nuestro país en materia de respeto a los derechos humanos de la población en general, de los defensores de derechos humanos en particular y de nuestro trabajo en este contexto.
Para muchas personas y organizaciones, sobre todo fuera de México, en nuestro país se vivía en Paz hasta antes de que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa declarara en diciembre de 2006 la guerra al narcotráfico y a la delincuencia organizada, declaración que implicó la salida masiva del ejército federal y de la marina a las calles para realizar labores policiacas en todo el país, pero en especial en algunos estados como Michoacán, Chihuahua, Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, se calcula que más de 50 mil elementos del ejército mexicano están implicados en estos operativos.

Nuestro país está plagado de puestos de control de las fuerzas armadas, son comunes los patrullajes con soldados, marinos o policías con los rostros cubiertos y sus armas apuntando hacia las personas que caminan o circulan a su lado. Hoy todas las personas sensibles vemos con horror las cifras: 70 mil muertos aproximadamente, entre 3 mil y 10 mil desaparecidos, más de mil niños muertos en el contexto de enfrentamientos armados o en puestos de revisión del ejército federal y más de 250 mil desplazados de manera forzada. Todos vemos con horror los cuerpos cercenados, colgados en los puentes, enterrados en fosas comunes, arrojados enfrente de las escuelas, de los hospitales y todos nos preguntamos ¿Cómo llegamos a esto?

Sin embargo, hay otro aspecto de la realidad tan violento y de horror como el anterior que se pretende ocultar y que no se concibe como guerra comúnmente, que incluso se menosprecia: en México desde antes del 2006 existía pobreza, miseria y una profunda desigualdad en la distribución de la riqueza, aspectos que se han agudizado en los últimos años. México es un país con aproximadamente 113 millones de habitantes, en el cual según el Consejo Nacional de Evolución de la Política de Desarrollo Social (Coneval) más de 90 millones de habitantes viven en la pobreza o con carencias sociales. ¿Acaso esa desigualdad que se acrecienta no merece un esfuerzo tan grande como el que afirma hace el Estado mexicano para combatir a la delincuencia? ¿Acaso podríamos afirmar que había Paz en nuestro país antes de 2006 con tanta desigualdad?

No puede existir Paz en un país donde la mayoría de su población vive sin posibilidades de tener una vida digna, por esta razón es que luchar por la Paz o contribuir a ella es organizarse para lograr la satisfacción de todos los derechos humanos de la población o acompañar a quienes se organizan para ello.
Desde nuestro punto de vista el gran problema ante estos dos aspectos de la violencia que vivimos es que el Estado mexicano pretende ocultar su responsabilidad en la violación sistemática de los derechos humanos de 90 millones de mexicanos a causa de un modelo económico que se fundamente en hacerle la guerra a la mayor parte de la población y que profundiza la desigualdad con la publicidad al interior del país y fuera de él del éxito su supuesta guerra, que hoy llama lucha, contra la delincuencia. Pero no sólo eso, bajo este argumento el Estado mexicano ha restringido de manera legal el derecho a la protesta social, a la organización, a la manifestación, a la libre expresión de las ideas, a la defensa del territorio de la parte de la población que se opone a su política económica.

Nuestra labor de documentación de violaciones graves de derechos humanos por parte del Estado, de denuncia contra los responsables de las mismas, de desnudar su estrategia de guerra contra la sociedad y el acompañamiento que el Comité Cerezo ha hecho a diferentes organizaciones y procesos organizativos nos ha generado el aumento de nuestro riesgo. En noviembre de 2011 los integrantes de nuestra organización fuimos víctimas de una amenaza de muerte más, a pesar de que desde 2002 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a Emiliana y Francisco Cerezo Contreras y las volvió a otorgar en 2006 incluyendo a Alejandro Cerezo. En esta ocasión la amenaza hacía alusión a todas las familias de los integrantes, incluyendo a un niño que en ese momento cumplía 2 años de edad.

Es en el contexto anteriormente descrito que el Comité Cerezo México ha determinado, desde hace dos años, que un eje central para la construcción de la Paz en nuestro país y de nuestro trabajo de promoción, difusión y educación en Derechos Humanos es la lucha por la Memoria, la Verdad, la Justicia y la Reparación integral del daño, este eje central de trabajo que implementamos en nuestras dos escuelas de Derechos Humanos que hemos realizado, en las tres, de educadores populares y en el de todos los talleres que impartimos, un promedio de 50 en los últimos tres años, es una de nuestras contribuciones para construir la Paz en nuestro país.

Para terminar nos gustaría insistir en lo siguiente: No puede haber Paz en un país sumido en la pobreza y en la desigualdad, no puede haber Paz sin Memoria, no puede haber Paz sin Verdad, no puede haber Paz sin Justicia, no puede haber Paz sin reparación integral y sin el desmonte de los mecanismos legales e ilegales que permiten la sistemática violación de los derechos humanos, no puede haber Paz donde hay impunidad, no puede haber Paz cuando en las cifras de horror de la violencia que vivimos el Estado mexicano oculta las cifras de los defensores de Derechos Humanos que han sido amenazados, hostigados, vigilados de manera ilegal, encarcelados, ejecutados extrajudicialmente y detenidos desaparecidos en los últimos años.

Gracias pues a las organizaciones y personas del pueblo alemán que hoy nos dan el honor de recibir este Premio, esperamos que la solidaridad entre nosotros florezca y contribuya a construir un mundo donde se garantice el ejercicio pleno de todos los derechos humanos, base imprescindible para construir la Paz y la seguridad humana.

Comité Cerezo México y Alejandro Cerezo Contreras.

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