Cárcel y libertad.

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

La cárcel es principalmente ausencia o carencia de libertad, ausencia objetiva y subjetiva a la vez; ausencia que se siente y se piensa; ausencia que se toca se ve, que se oye, que se huele, que se come y se bebe; ausencia que se teoriza, que se razona y que se sabe perdida, ausencia física, real, tangible, que duele y que se llora. Podemos con la imaginación, con los sueños, con la fantasía transformar las cuatro paredes de la celda en la que estamos recluidos en un reino de libertad, pero todas estas construcciones ideales no cambian en nada el hecho de que las cuatro paredes son una prisión y de que entre ellas estamos privados de libertad. La libertad no sólo es subjetiva e individual, también es objetiva y social.

La libertad tiene que ver entre otras cosas con el espacio físico en donde desarrollamos nuestras capacidades, con la forma o la manera en que nos desenvolvemos y con quienes compartimos ese espacio. En la cárcel la ausencia de libertad es algo obvio. La cárcel se presenta como la antitesis, como lo opuesto a la libertad, un opuesto exacerbado, un espacio físico que en si mismo es enajenante y que tiene como razón de ser coartar la libertad de quienes son recluidos ahí. Pero la cárcel no es sólo el único espacio físico en que la libertad esta ausente (aunque si es el más ejemplificable) también lo es la sociedad en su conjunto, nuestra sociedad capitalista. Una sociedad en donde la posesión de grandes sumas de dinero permite a ciertas personas agrandar o salir del espacio físico en el que tradicionalmente se desenvuelven.

Con dinero se puede viajar y conocer lugares distantes, con dinero se pueden desarrollar capacidades y habilidades, con dinero se puede escoger con quienes compartir nuestro espacio y con quienes desarrollarnos. Pareciera a simple vista que en nuestra sociedad, quien tiene más dinero es más libre y quien posee menos dinero es menos libre. Pero esto es engañoso.

Quien posee grandes sumas de dinero compra ciertos aspectos de la libertad a condición de convertirse en esclavo del dinero, de tratar por todos los medios de agrandar su capital y disfruta de esa libertad (en el sentido individual y utilitarista) a condición también de subyugar, explotar y oprimir a los demás. Al pobre, al desposeído, dada su condición le es imposible comprar esa libertad por lo que siempre va a tratar de obtener el mayor dinero posible para comprarla. Ninguno de los dos es libre, ni el que explota ni el explotado.

Una sociedad en la que la mayoría de sus miembros vive real y objetivamente en la miseria económica y espiritual, no es libre, no decide su futuro y no desarrolla sus capacidades.

Nuestra sociedad mexicana es una de ellas. Tomar conciencia de lo injusto de esta situación es el primer paso para comenzar a luchar por la libertad y a su vez comenzar a liberarnos. Una lucha que va en contra de quienes explotan y oprimen, de quienes se vuelven más ricos a condición de volver a la sociedad a la gente más pobre. Una lucha que debemos realizar en cualquier espacio físico donde nos desenvolvamos; en las actividades que desarrollamos y en la forma en que nos desenvolvamos. Así sea ese espacio la escuela, la fábrica, el sindicato, la colonia, la casa, la calle o la cárcel. Así sea con nuestra familia, con nuestros amigos, con los vecinos, con nuestra pareja, con el desconocido. Así sea al escribir, al tocar música, al pintar, al dibujar, al divertirnos.

La libertad se consigue luchando, la lucha en si misma es un acto de libertad, de valor y de amor, es el germen de la libertad.

A ocho meses de reclusión y de lucha por la libertad individual y colectiva.

Reciban un caluroso saludo.

Preso de conciencia: Héctor Cerezo Contreras.

“La Palma de concreto.”

6 de abril de 2003

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